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jueves, 27 de agosto de 2026

Los ojos de gato de mi madre

A mi madre, su curiosidad desde pequeña, hizo que le crecieran ojos de gato. Tenía una agudeza para percibir las vibras de las personas, que le hacía tener garras retráctiles. Las guardaba si no era necesario usarlas o las sacaba si necesitaba defenderse o defender a los suyos.

Era una niña muy curiosa y con la punta de su nariz descubría todo tipo de aromas que poco a poco iba guardando en su memoria. Usaba ese don para poder crear arte en la cocina junto a su madre, mi abuela. Pero en las noches de luna llena, su curiosidad femenina dilataba sus ojos de gato. Y se ponía a bailar bajo la luna, cazaba las trampas de ratón que su padre, mi abuelo, escondía. No le gustaba que le hicieran daño a los animales. Le encantaba escribir o reescribir sus recetas, las modificaba e inventaba cosas nuevas.

Tenía una independencia y autonomía natural sobre sus pensamientos. No temía decir lo que pensaba a nadie. Eso le causó varias muinas y regaños, pero a ella nunca le importó. Siempre defendía sus pensamientos y lo que creía justo.

Ahora ya a sus 57 años de edad, mi madre aún posee sus ojos de gato, la misma agudeza y curiosidad. Nos comparte sus recetas y ahora junto con ella mis hermanas y yo creamos arte en la cocina. Y en las noches de luna llena, vemos sus ojos de gato dilatarse y junto con ella, mis hermanas y yo nos ponemos a bailar bajo la luna, con nuestros ojos de gato dilatados también.





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