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domingo, 23 de agosto de 2026

Escrito: Relatos de un sueño

 


Me encontraba sola, todo estaba oscuro y no se veía nada a mi alrededor. Empecé a caminar sin rumbo alguno, casi a tientas, cuando de repente a lo lejos alcancé a ver una puerta azul con mosaicos de vidrio de colores llamativos. Hacían la figura de unas rosas rojas con el fondo verde. Caminé hacia la puerta y cuando me acercaba a ella, recordé haber visto esta puerta y esas figuras de mosaico antes. ¡Y sí! Era la puerta de la casa de mis abuelos.


Al llegar a la puerta azul, me detuve. Quería abrirla, pero un escalofrío invadió mi cuerpo. Era tanto mi miedo que impregnó el aire. Temía abrir la puerta azul y no encontrar a mis abuelos ahí, puesto que sabía que habían fallecido hace muchos años. 




Me llené de valor y abrí la cerradura, empujé la puerta hacia adentro y había una luz tan brillante que, al alcanzar los mosaicos de la puerta, esta dibujaba rosas rojas en el piso. Se movían de tal manera que parecían estar bailando. Levanté la vista y se dibujó la sala de mis abuelos. Ellos estaban sentados, mi abuela tejiendo una servilleta con sus perfectas puntadas de cruz, como solo ella lo sabía hacer. Mi abuelo estaba leyendo el periódico, alcancé a ver la fecha en la primera plana, era mayo de 1999. Y mi cuerpo, de repente era de una niña de apenas cinco años.




Mi abuela me vio entrar y con su cálida voz me dijo: “¡Ah! Mira quién llegó, ven siéntate aquí, mijita.”




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