Reseña: ⭐⭐⭐⭐⭐
El libro refleja no solo la desigualdad social, la pobreza de Macabea, sus maltratos, sino también el libro te da una cátedra casi filosófica de la vida misma. Te cuestiona. Al igual que hizo Macabea, que aunque era una mujer pobre económicamente, no lo era de espíritu. “Al estar sola se sentía libre,” se “encontraba con ella misma en la soledad.” “Quien no tiene pobreza de dinero, tiene pobreza de espíritu o de nostalgias porque le faltan cosas más preciadas que el oro,” Macabea no solo representa la pobreza económica sino todas esas cosas que nos hacen falta. Todos de alguna manera tienen una forma de pobreza. Hay quienes tienen dinero pero les falta propósito, hay quienes tienen éxito pero no están en paz, hay quienes están rodeados de gente y se sienten profundamente solos.
¿Quién soy yo? Macabea se asustó tanto al hacerse esa pregunta que dejó de pensar. Es una pregunta incómoda para cualquiera porque como menciona Lispector en el libro, “quién se analiza está incompleto.” Porque conocernos no es tan cómodo como se pudiera pensar. Al cuestionarnos quiénes somos y vernos introspectivamente surgen preguntas tales como, ¿Quién podría haber sido? ¿Qué deseas? ¿Qué te falta? Etc.
¿Qué hace que nuestra existencia importe y tenga valor la vida? Estamos viviendo una vida realmente como debe de ser o solo la están atravesando. Realmente estamos disfrutando del viaje de la vida. Amé este libro porque me puso a sentir, no solo a pensar. Como dijo Lispector, “pensar es un acto, sentir en un hecho.”
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