miércoles, 30 de septiembre de 2026

Yo no le temo a los muertos, le temo a los vivos.

 A punto de ser una cifra más.

En un mundo dónde ser mujer es casi un delito o una maldición, siempre hay historias nuevas que contar y que escuchar. Tristemente. 

A mis 13 años saliendo de la secundaria en una comunidad rural en México, con rumbo a mi casa me percaté al llegar que no había nadie. Mi familia había salido al médico, y me quedé sola en mi casa. MI CASA. Cerré la puerta y como amante apasionada de Dragon Ball Z me puse a verla en la televisión. La televisión estaba un poco alta pero aún así alcancé a escuchar la perilla de la puerta. -Imaginaciones mías- pensé. Pero después una voz grave de un hombre llamaba desde la puerta, intentando abrirla. -¡Niña, abre la puerta!- me decía o más bien me gritaba. 

Hice lo que una adolescente a los 13 puede hacer, entre varias opciones, me quedé paralizada de miedo en el cuarto. No me atreví a salir a la sala para enfrentar el rostro del hombre aquel que trataba de entrar a mi casa, MI CASA, con sabrá Dios qué intenciones (se los dejo a su criterio). Podía escuchar sus pisadas que recorrían alrededor de mi casa, ya que en el patio había grava que mi abuelo esparció por las lluvias. (Ojo, mi casa está dentro del terreno de mis abuelos, osea que esta persona estaba en el patio frente a la puerta de mi hogar). 

Después escuché como esta persona corrió y pegó un brinco por la parte de atrás de mi casa. En menos de cinco minutos, el carro de mi abuelo entró por el portón. Su carro tenía un ruido peculiar por viejo, que se escuchaba desde la esquina de la calle. Está persona no era un desconocido, sabía el ruido que el carro de mi abuelo emitía. Aparte no le dio miedo a este sujeto que yo saliera a asomarme para ver quien era. 

Hasta el día de hoy esa voz se quedó grabada en una parte muy profunda de mi cerebro y me provoca horror. Hasta el día de hoy siempre me he preguntado quién pudo haber sido. Hasta el día de hoy, uno de mis lugares favoritos en mi vida se manchó con ese maldito recuerdo. Me escapé de las manos a un agresor y todo por haber tenido la fortuna de cerrar con seguro la puerta de mi casa, MI CASA. 


Tengan mucho cuidado siempre!




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